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>Acerca de la virilidad del futuro presidente de Francia. Esto no es un panfleto sino un punto de vista fuera de lo políticamente correcto, con voluntad de ofender Si estudiamos la relación entre el físico y las pretensiones del Sr. Sarkozy, que será probablemente el próximo presidente francés, hallaremos posibles explicaciones a sus actos. Tenemos a una persona de muy modesta estatura, con un físico poco favorecido por la madre naturaleza- sabia ella al no perder nunca una ocasión de ajustarle las cuentas a tamaño sinvergüenza. A falta de altura personal, este triste personaje eligió las altitudes del máximo poder, ser Presidente de Francia, país de referencia entre los ricos, reflejo del saber, hija mayor de la Iglesia (Vaticano dixit), y cómo no, país del derecho y de la fraternidad. Francia ha sido en muchas ocasiones la punta de lanza en avances sociales: los guetos actuales poblados de varios millones de felices emigrantes no me contradirán. Francia es el país del respeto y de las libertades. Así tenemos al Sr. Sarkozy espiando a su rival, la deslucida y transparente Sra. Ségolène Royal, gracias a los servicios de información del Estado. Mientras tanto, la pobre anda perdida en complicaciones palaciegas que le darán su merecido de buscavidas. Las carreteras de la república se poblaron en estos últimos años de policías de toda crin, lo poco que quedaba por prohibir (En pos de la lucha anti terrorista, claro) está ya prohibido, y se están pensando en inventar nuevas prohibiciones, como la de usar cualquier tecnología que no sea de pago. Francia es el ejemplo del estado del bienestar, donde a las diez de la noche más vale quedarse en casa si no queremos presenciar barricadas ardiendo, robos por intimidación en cualquier rincón de su geografía y cientos de miles de pobres sin techo. Francia es el país de la fraternidad, sobre todo con África. Las últimas noticias recibidas de Ruanda no son para contradecir mi propósito: aquel gran país ayudó a los beligerantes a terminar con los Tutsies y Hutus moderados, dejando cerca de un millón de muertos. El ejército francés usó su gran saber de colonialista para ayudar a sus hermanos negros, formando expertos en genocidio, e incluso, dicen algunas malas lenguas, echando una mano para terminar el trabajo y motivar las tropas. Francia es también el país de la razón. Allí es donde encontramos al Sr. Sarkozy, intrigando, asustando, mangoneando por doquier, erigiendo un estado nazi cuyo lema es la "tolerancia cero" hacia la delincuencia, sabedor será él de que la mano fuerte siempre reemplaza ventajosamente la ayuda y la reinserción. Allí tenemos a uno de los países más potentes del mundo, miembro del G7 y miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, promocionando su estilo: mentiras y violencia de estado para arreglar un siglo de errores sociales, de atropellos colonialistas y de un chauvinismo sin par. Parece que ser francés está cada vez más de moda, así como ser norteamericano. Las sociedades son sabias: si eligieron al Sr. Bush, auparán sin temor al Sr. Sarkozy. Francia es finalmente el país de la democracia. Desde que ésta fuera institucionalizada y sacralizada en el siglo XX, los afortunados electores tienen la elección entre solo dos partidos, izquierda o derecha, aunque ninguno de los dos tenga un programa realmente distinto. Tras largos años de connivencia, convivencia y "cohabitación" política, ya no existe alternancia real, gobiernan personas que estudiaron en la misma escuela donde se forman los futuros responsables del país, personas que tienen los mismos deseos de estar y mantenerse en el poder por interés personal y por el del partido. Los políticos de los dos partidos principales se conocen personalmente, se aprecian, estudiaron juntos y cenan alegremente juntos, como si formaran parte de la misma y única opción de voto. La democracia francesa reside en poder elegir al que ya está designado por el partido y los "responsables del país". Si bien se sabe que los ciclos económicos relevantes tienen curvas que se extienden sobre cincuenta años, o en el caso mínimo, ocho años, estos partidos estatales venden la idea de que un mandato puede cambiar la faz de la nación en cinco años. La verdad es que nadie desea mojarse "de verdad", y que todo el mundo protege a todo el mundo, en aras de que todo siga igual. Basten estos dos ejemplos: cuando se votó el primer gran referendum sobre Europa, el derechista Chirac, entonces primer ministro, cohabitaba con un presidente de izquierdas, Mitterrand. La política del partido de Chirac motivaba los electores a decir "No" en el referendo, pero en su calidad de primer ministro, tenía que apoyar el "Sí" a Europa. En el momento de dar la consigna de voto a sus electores, surgió lo nunca visto: dijo que no daba consigna y que cada uno votara lo que le pareciera. Pocas veces se dieron elecciones tan deslucidas, y la hipocresía quedó al descubierto. ¿De qué sirve un político sin punto de vista? El segundo ejemplo es reciente: Sarkozy acaba de anunciar que si salía elegido, iba a promulgar una amnistía para los delitos financieros. Esta ley blanquearía completamente al actual presidente. Éste, que se encuentra acorralado en varios procesos por corrupción, anunció inmediatamente su apoyo a la campaña de Sarkozy, a pesar de que sea uno de sus peores enemigos políticos. La misma ley autoblanquearía al propio Sarkozy acerca de unos turbios asuntos inmobiliarios, y al antiguo ministro Pasqua, también en el ojo del huracán por corrupción. Imagino sin dificultad que la operación limpiará a otros muchos, de todos los partidos, de tal modo que toda la clase política se pueda ofrecer una virginidad. Con mucho tino decía Camilo José Cela: "Entre lobos no se tiran bocados." Sarkozy emite ladridillos de perrito faldero, pero muerde como un perro de guerra. Supo reunir una jauría de animales furiosos, deseosos de conquistar el poder a cualquier precio, con o sin buena fe y nunca con mala conciencia. Enfrente, otra jauría, debilitada por años de intrigas. No valen más unos que otros. Queda un solo periódico de calidad, independiente, y tiene los días contados si todo sigue su rumbo. Qué lejos está Voltaire en el país de las luces; qué cerca está Orwell. Con este panegírico, me pregunté repetidamente acerca de la virilidad del Sr. Sarkozy. A juzgar por los modales de su ambición, ésta tiene que ser inversamente proporcional a su deseo de mandar y machacar. A Francia la va a dirigir un pollicorto dentilargo, con mano de hierro; tomemos ejemplo.
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